miércoles, 19 de julio de 2017
Estaba en la cocina, mientras lavaba platos, vasos y cubiertos que usamos a la hora del desayuno, bajo el fregadero se escuchó un ruido seco, como si un trozo de madera se acomodara entre los objetos: brochas viejas, papeles, bolsas que usamos para los regalos de Navidad, cordeles, plástico y hasta unos botes de pintura, abrí la pequeña puerta para mirar qué se había caído, pero lo único que alcancé a ver fue un par de ojos luminosos, la orilla de una manga diminuta con encajes en verde ocre y azul eléctrico, al final escuché un leve tintineo. Sobre la mesa había un conejo con las tripas de fuera y los ojos vacíos.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario