Ahora huelen a café la sala y el comedor, misma intensidad, mismo aire, recuerdo que en alguna de mis bolsas de mano dejé un costalito de grano para hervir, el aroma invadió la pequeñez de la casa, los rincones, debajo de los muebles, la cocina; es una tarde alegre, por fin salió el sol más fuerte y yo sigo celebrando que tu rosal haya decidido ponerse verde de nuevo, después de tanta lluvia y la soledad del patio abandonado.

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