lunes, 31 de julio de 2017

Gracias por el paisaje, por la pasión en tus ojos repetida en los míos. Terrible y hermoso, puntual. No eres solamente el amor. Cada vez nos inventamos. Mirarte es comprender lo que soy con todas las palabras en mi cabeza, con la energía, el gozo y el placer. Desorden de mis sentidos dame forma de nuevo.
A veces sentimos que un día es igual a otro, que suceden las mismas cosas, que hacemos exactamente lo mismo, pero si nos ponemos a pensar, si miramos con detenimiento, nos daremos cuenta de que el árbol está más verde, el gato más flaco, el tendero es callado y simpático, en realidad todo cambia a cada instante y de pronto como un evento único en la vida, llega un mensaje con palabras que nada más nuestro corazón entiende.

miércoles, 19 de julio de 2017



Estaba en la cocina, mientras lavaba platos, vasos y cubiertos que usamos a la hora del desayuno, bajo el fregadero se escuchó un ruido seco, como si un trozo de madera se acomodara entre los objetos: brochas viejas, papeles, bolsas que usamos para los regalos de Navidad, cordeles, plástico y hasta unos botes de pintura, abrí la pequeña puerta para mirar qué se había caído, pero lo único que alcancé a ver fue un par de ojos luminosos, la orilla de una manga diminuta con encajes en verde ocre y azul eléctrico, al final escuché un leve tintineo. Sobre la mesa había un conejo con las tripas de fuera y los ojos vacíos.

sábado, 15 de julio de 2017

Ahora huelen a café la sala y el comedor, misma intensidad, mismo aire, recuerdo que en alguna de mis bolsas de mano dejé un costalito de grano para hervir, el aroma invadió la pequeñez de la casa, los rincones, debajo de los muebles, la cocina; es una tarde alegre, por fin salió el sol más fuerte y yo sigo celebrando que tu rosal haya decidido ponerse verde de nuevo, después de tanta lluvia y la soledad del patio abandonado.
Otra versión de ti


A pesar de todo, lo más difícil es no escribir, quedarme mirando fijamente hacia la ventana como solía hacerlo cuando era pequeña y estaba en mi aula de clase, lo más duro es no llegar, aunque sea tarde, a la hoja, al archivo abierto de word, a las notas del celular. Duele estar siempre ahí, para alguien que la mayor parte del tiempo no sabe que estás ahí, no sabe muy bien quién eres y de qué se trata todo esto, pero tú das todo por igual amor, paciencia, momentos y por la madrugada, después de no ser vista, después de no recibir una sola palabra, dejar una hoja llena, tratar de escribirle encima árboles, sueños o lunas. Hay días que no queda de otra y hay que escribir desde el armario, entre abrigos en desuso, colchas que ya no saben cuántos cuerpos arroparon los últimos años, zapatos que llevan por nombre polvo de estrellas y nada y que alguna vez sirvieron para inventar un baile o una caminata, es extraño escribir desde ese lugar con la luz de una vieja computadora como compañía, esconderse de la lluvia y de la realidad, porque allá afuera en ese instante era todo ruido, destrucción y agotamiento, había que esperar la calma como una noche extensa y sin roturas.